“Respetar las palabras para enseñar desde la niñez a leer libros, y a reír y llorar con ellos”, allá por el 2004, José Saramago tuvo la oportunidad de hablar para más de 3.000 niños y niñas de la ciudad argentina de Rosario. Defendió el valor de la lectura. La lectura como compañera, la lectura como aliado durante toda la vida. Y hoy, más de 15 años después, recobra sentido la frase y la defensa que entonces realizó Saramago sobre el respeto a las palabras. Porque ahora, más que nunca, debíamos rendirle homenaje a los libros. Los libros como compañeros en un contexto de pandemia. Los libros para viajar cuando no se podía salir de casa, los libros para evadirse cuando el techo del salón se hacía demasiado bajo, los libros -y esto nunca lo olvidemos- “como arma cargada de futuro”, con su enorme potencial para transformar la realidad y con su enorme poder para construir un mundo mejor, más justo y más bonito.

Así que pese a las limitaciones y restricciones, teníamos claro desde el primer minuto que la ciudad no podía quedarse sin esta edición de su Feria del Libro. Y nos hemos adaptado al contexto, apoyando y construyendo junto a los escritores, las escritoras y las librerías de la ciudad que tan difícil lo han pasado en el periodo de pandemia. Porque no existe celebración de la lectura si la gente no lee y porque tenemos la responsabilidad de facilitar las herramientas necesarias para que la gente lea y también, por qué no, se atreva a escribir.

Y porque la ciudad necesita de sus librerías, del olor a tinta y de las historias que nos acompañan bajo la tapa de un libro. Bienvenidos a la Feria del libro. A una feria diferente, adaptada, segura y responsable. Bienvenidas, y no habrá pandemia que pueda con ella, a la fiesta y la celebración del “respeto a la palabra”, de las ganas, la necesidad y el placer de la lectura.

Lola Cazalilla Ramos – Concejala Delegada de Cultura y Fiestas